La leyenda del cordero diabólico

En un pueblecito extremeño sin precisar, hace ya varios años, había un buen hombre conocido como Bernardo, el cual se dedicaba al pastoreo por aquella zona y tenía un pequeño rebaño de ovejas en el monte.
Todos los días iba a recogerlo y, como un día cualquiera, metió a todos los animales en el corral de madera que tenía allí al lado. Al terminar su labor, el hombre bajó de nuevo a casa, como todos los días, montado en un burro.

Estaba anocheciendo, y rumbo a casa, Bernardo escuchó un ruido y se paró. Vio que un cordero estaba en medio del camino y el hombre pensó que se habría extraviado del resto del ganado y que lo podría llevar a casa para protegerlo de los lobos y del frío de la noche, entonces lo cogió y lo montó detrás de él, en su burro, y ambos continuaron su recorrido. En el camino, con el cordero detrás de él, Bernardo escuchó como que algo arrastraba por el suelo. De repente, el hombre miró hacia abajo para ver lo que era, y cual fue su sorpresa al descubrir que aquellas patitas cortas y blancas del cordero se habían convertido en unas enormes zarpas que iban arrastrando por la arena.
Al ver esto Bernardo exclamó:

-¡Coño, cómo le han crecido las patas a este bicho!

Cuando una voz grave contestó:

-¡Y más me han crecido los dientes!

Al oír esto, su cara se desencajó sintiendo un escalofrío que le recorría su nuca y poco a poco fue girando su cabeza para averiguar en qué se había convertido la criatura.


Entonces vio algo increíble: la cara del tierno cordero se había transformado en una cara demoníaca. Sus ojos eran rojos, unos ojos que le miraban fijamente. Sus dientes afilados parecían cuchillas.

Fue entonces cuando Bernardo alzó su mano empujando a aquel ser sobrenatural y arrojándolo al camino. Cuando llegó a casa, tenía el rostro pálido y aterrorizado. No habló durante varios días, hasta que una tarde se decidió a contar lo que le había sucedido, pero las personas del pueblo no le creyeron, incluso algunas le tomaron por loco.

Desde aquella noche Bernardo no volvió a ser el mismo, y dos meses después, el pobre hombre se suicidó tirándose por un barranco. Y no solo eso, porque su única hija, años más tarde, se suicidó arrojándose por el mismo barranco, tal y como hizo su padre.

Nunca conoceremos lo que le ocurrió a Bernardo allí arriba, pero hay gente que asegura que lo que vio aquella noche era el mismísimo Diablo.

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1 Comentarios

  • Juan O.A. April 05, 2017 reply

    Esta leyenda ó suceso verdadero (no lo sé), es un referente de lo que no hay que hacer, ni como hay que enfocar un suceso paranormal. Este caso le parecería de divertida broma a alguien con mente actual, algo esperpéntico o de halloveen, pero alguien no preparado puede ofuscarse y acabar mal. A ver,¿el borrego, por muy diabólico que pareciese le hizo algo? No,¿entonces, por que se tuvo que hacérselo el mismo? Ese es el resultado del pensamiento negativo supersticioso. Si el borrego del demonio se le hubiese aparecido a un Heavy rokero, habría dicho algo así como...¡Jo tío, como mola tronco!...y luego le habría pedido una guitarra y un ampli nuevos, ligues, dinero, y yo que sé que mas. Moraleja: Si veis lo imposible, no os despeñeis, no seáis cobardes, ni penséis lo peor, pues a mi mismo me han ocurrido cosas paranormales y aquí sigo. Un saludo amigos.

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