El Mártir de Cambroncino

Nicolás Martín Sánchez, “Colás”, era un hombre de campo, cabal, aguerrido, valiente, de rudo carácter y robusta complexión, de él se decía que no temía a nada y tenía la suficiente fuerza como para levantar una mula sobre sus hombros. Se dedicaba a la venta de animales de corral y al mercadeo de frutas que el mismo cultivaba en su huerto en Cambroncino.

Este intrépido hurdano plantó cara al misterio a comienzos del siglo XX cuando contaba con 39 años de edad, debido a este enfrentamiento perdió la vida. Podríamos decir que fue una de las primeras victimas de los OVNIS en España.

Los tristes hechos que le costaron la vida a este osado hurdano sucedieron el 21 de octubre de 1917. Fue un frío martes cuando Colás viajó, montado a lomos de su mula, hasta la feria ganadera de Ahigal donde tenía cerrada la venta de varios cerdos. Ya bien entrada la tarde, emprendió su camino de regreso hacia Cambroncino, 20 km distaban desde Ahigal, la vuelta la realizó junto a dos hermanas vecinas del pueblo Pepa y María Iglesias.

Estaban llegando a Ribera Oveja, y era ya de noche, cuando divisaron a los lejos, cerca del río de los Ángeles, una extraña y potente luz, “una luz no muy fuerte y alargada que hacía que todo se viese como de día”  las mujeres asustadas por la luminaria decidieron tomar dirección a la Pesga y coger un camino alternativo de vuelta, pero Colás que no se acobardaba ante nada continuó su andadura.

Conforme se iba acercando al río, el resplandor se iba haciendo cada vez más intenso, cuando se disponía a cruzar el arroyo, se encontró de frente con la luminaria, era del tamaño de un balón de fútbol, se manifestaba tenue y amarillenta con forma de pera, flotaba en el aire dibujando estelas que se reflejaban sobre el agua.

La mula quedó inmóvil frente a la extraña luz y se negaba a moverse, Colás, palideció un poco al contemplar la esfera luminosa, pero no se amilanó, echó mano del machete que llevaba en el pantalón y azuzó al muleto, el animal arrancó y Colás machete en mano cabalgó rápido intentando eludir la luminaria, pero la insólita luz los siguió metiéndose entre las patas de la mula, el animal asustado comenzó a cocear intentando librarse de aquella extraña luz. La luminaria salió de entre las patas del caballo y golpeó a Nicolás tirándolo al suelo, al levantarse la esfera luminosa se mantuvo unos segundos flotando al nivel de sus ojos, muerto de miedo, montó de nuevo en el animal y huyó espantado.

Llegó al pueblo pálido, sin aliento, en estado de shock, los vecinos se encontraban en la calle principal esperándolo, ya que Pepa y María habían llegado antes y les habían contado la historia.

Con terribles dolores fruto de las quemaduras por todo el cuerpo que aquella extraña luz le había producido, estuvo en cama varios días hasta su muerte, el médico que le atendió, Víctor Sánchez, no supo dar un diagnóstico exacto, su cuerpo presentaba una gran cantidad de extrañas quemaduras producidas por lo que parecía una radiación poco común.

Su muerte es, aún hoy, todo un enigma, en el acta de enterramiento que se conserva en el Obispado de Coria ni siquiera se menciona la causa de su fallecimiento. Nicolás fue enterrado en el cementerio de Cambroncino, y su historia  poco a poco fue cayendo en el olvido. A pesar de que Colás no ha sido el único hurdano en divisar luminarias de similares características.

Fuente: Extremadura Misteriosa / José Manuel Frias
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