El tesoro perdido del Templo de Jerusalén en Mérida

El Templo de Jerusalén o Templo de Salomón fue el principal santuario del pueblo de Israel, se encontraba ubicado donde actualmente se localiza la Cúpula de la Roca en la Ciudad Santa. A lo largo de la historia, que sepamos actualmente, existieron dos templos:

El primero construido por Salomón pretendía ser un único centro de culto para el pueblo judío. En el 925 AC fue saqueado por el faraón Sisac (Sheshonq I) y destruido por los babilonios en 587 AC durante el segundo asedio a Jerusalén de Nabucodonosor II.

El segundo templo mucho más modesto fue completado por Zorobabel en 515 a. C. (durante el reinado del persa Darío I) Reconstruido y ampliado por Herodes, fue de nuevo destruido por las tropas romanas al mando de Tito en el año 70, su principal vestigio es el Muro de las Lamentaciones.

Sobre el templo se cuenta que encerraba un importante tesoro que, entre otras muchas reliquias del culto hebraico, contenía el Arca de la Alianza, el candelabro de los siete brazos o la Mesa de Salomón. Tras el saqueo al primero templo se les perdió la pista a las reliquias en Jerusalén.

Y es que la leyenda hace depositaria a la concatedral de Santa María de Mérida de parte del tesoro perdido del Templo de Jerusalén. Cuentas las crónicas del historiador árabe del siglo X Ahmad al-Razi que durante la conquista del Al-Andalus se halló en unos de los templos de la ciudad de Mérida una serie de reliquias hebraicas que creyeron sería parte de este tesoro perdido.

Según relatan los eruditos árabes, los objetos del tesoro hallados en el templo emeritense fueron:

Una misteriosa piedra de luz, la alquila, que alumbraba la actual concatedral y permitía rezar a cualquier hora sin necesidad de lámparas.

Un cántaro de aljófar lleno de perlas que fue entregado al Califa de Damasco y después a su sucesor Suleyman, quien la colocó en la mezquita junto a la llamada Mesa de Salomón.

La Mesa de Salomón, sobre la que hay tantas descripciones como cronistas del mito, según el cronista bereber del siglo XI Ajbar Machmua, relata sobre la legendaria mesa “cuyos bordes y pies, en número de 365, eran de esmeralda verde” y Al-Macin asegura que estaba “compuesta por una mezcla de oro y de plata con tres cenefas de perlas”. ¿fue esta la mesa que estuvo en Toledo, la que perteneció a Salomón y provino de Jerusalen?

Pero ¿cómo habría llegado tal tesoro hasta Mérida? La explicación la obtenemos a través de la obra del siglo X “Crónica del moro Rasis” de Ahmad ibn Muhammad al-Razi, en ella se relata como el rey de Al-Andalus Isban participaría en un asedio a la Ciudad Santa de Jerusalén y traería consigo dicho botín hasta Mérida.

Las crónicas cuentan como un clérigo del antiguo templo metropolitano narró que cuando los árabes entraron en la ciudad se llevaron una piedra que hallaron colocada debajo de un crucifijo, que daba tal claridad que permitía rezar a cualquier hora sin otra luz que no fuera la que ella misma desprendía, respecto al resto de reliquias no se tiene conocimiento de su paradero.

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