La Bella Leila y la toma del Castillo de Magacela

Durante la Reconquista, en el siglo XIII, Arias Pérez, III maestre de la Orden de Alcántara capitaneaba las tropas cristianas que trataban de expulsar a los musulmanes de la actual comarca de La Serena. La orden alcantarina ya había conseguido conquistar los castillos de Zalamea de la Serena y Medellín y se dirigían hacia a fortaleza de Benquerencia de la Serena. No muy lejos de allí, en el castillo de Magacela se encontraba el alcaide sarraceno, Ahmed-Ben-Alí, junto a su hija Leila, una joven de la que destacaban su belleza y valentía. Leila que era conocida como “La Bella Leila” era una mujer de belleza singular, esbelta de tez bronceada y con ojos negros, pero de entre todas sus cualidades sin duda por las que más destacaba era por su valentía y heroísmo.

Tras la conquista cristiana de la fortaleza de Benquerencia de la Serena, Ahmed-Ben-Alí, viendo que las tropas cristianas se acercaban hasta su bastión quiso anticiparse. El alcaide musulmán tramó un plan y dividió su ejercito en dos, una parte quedó a las ordenes de su hermosa hija Leila en el castillo y otro grupo capitaneado por él mismo saldría al encuentro de los cristianos para tenderles una emboscada y así pillarlos desprevenidos. Ambas facciones se encontraron en una llanura cercana a Quintana de la Serena que fue testigo mudo de la feroz lucha, tras largas horas de terrible combate y cientos de muertos por ambas partes los cristianos se alzaron con la victoria, en aquella batalla le llegó la muerte al mismísimo alcaide sarraceno. Los soldados musulmanes supervivientes corrieron a comunicar a Leila el fatal desenlace de su padre, y ésta presa de ira juró vencer o morir.

Aprovechando la muerte del alcaide, las mermadas huestes cristianas avanzaban hacia el castillo de Magacela sin contar que allí se encontraba su hija con un buen número de tropas para ofrecer resistencia. Se produjeron varios días de combate sin que los cristianos lograran asaltar la inexpugnable fortaleza, lo escarpado del terreno hacía casi imposible su toma. Pero Arias Pérez que era un hábil estratega diseño un plan: dividió sus tropas en tres grupos, dos de ellos estarían formados por jinetes que portarían haces de paja encendidos y se aproximarían veloces hacia la fortaleza, mientras tanto el otro grupo asaltaría el castillo entretanto los soldados musulmanes intentaban contratatacar esas luminarias de fuego. Cierta noche, tras el atardecer, los cristianos decidieron poner en marcha en plan, desde el noroeste, comenzaron a avanzar veloces los jinetes con sus antorchas de paja encendidas. Los vigías sarracenos al ver tal cantidad de luminarias aproximarse hacia el castillo dieron la voz de alarma y el ejército se preparó para la defensa. Cuentan que en aquel momento Leila se encontraba disfrutando de una abundante cena y al enterarse de que estaban siendo atacados gritó colérica:

“Amarga cena, amarga cena para mí. ¡Resistid mis leones!”

Pero era demasiado tarde, mientras las tropas sarracenas defendían la zona noroeste del castillo, el tercer grupo de soldados había hecho pedazos la puerta de la fortaleza y un importante numero de cristianos tomaba el patio de armas y parte de la muralla suroeste, el castillo había caído en manos cristianas.

En medio de aquel caos, Leila salió de la torre, con gesto serio pero desafiante, miró a los ojos a Arias Pérez y sacando su daga atravesó su pecho con ella. Su cuerpo inerte rodó escaleras abajo hasta los mismísimos pies del maestre. Decidió suicidarse antes que caer en brazos de los cristianos.

Cuentan que el hombre del municipio surgió de la famosa frase pronunciada por Leila “Amarga Cena!, que con el tiempo derivó en Malgacena y, en la actualidad, es Magacela. Aunque recientes estudios aseguran que es más que discutible esta teoría.

 

Notas:

Según otras versiones no fueron jinetes con haces encendidos los que provocaron las luminarias sino cabras con antorchas colocadas en sus cuernos.

Otra interpretación de la leyenda habla que mientras ambos ejércitos luchaban por tomar el control de la fortaleza Leila se encontraba encerrada en una torre junto a su hijo y que en el mismo instante en que iba a ser apresada arrojó a su bebé desde lo más alto de la torre y detrás se lanzó ella.
Fuente: Leyendas Extremeñas / José Sendín
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